Voy a escribir sobre la educación en Venezuela, desde mi experiencia como profesora en educación media y universitaria.
La mayor amenaza que sufre la educación venezolana es el éxodo tanto de profesores como de alumnos.
En Venezuela, un profesor universitario titular tiene un sueldo mensual de
Bs 34 000, menos que el salario mínimo de Bs 40 000. Un paquete de leche en polvo de 450 g cuesta Bs 21 000, un cartón de huevos (treinta huevos) Bs 27 000 y un kilogramo de carne Bs 35 000. Las cifras lo dicen todo. No hay más comentario. Los profesores que continúan prestando sus servicios en las universidades, superviven gracias a otros trabajos extras.
Por eso los profesores venezolanos están migrando a Perú, Ecuador, Argentina, Chile, EUA y España. Tengo colegas en cada uno de esos países.
Eso se traduce, a nivel universitario, en grupos de 120 estudiantes en un aula, y en educación media asignaturas aprobadas por los estudiantes sin haber asistido a clases de las mismas.
Tradicionalmente los estudiantes universitarios migraban al terminar su pregrado con miras a realizar estudios de postgrado en el exterior y regresaban a trabajar en Venezuela. Empezaron a salir en medio del pregrado, al terminar la secundaria y tuve alumnos que migraron cursando tercer año de educación media. Y no regresan más. Contradictoriamente con lo que pasa en la educación superior, las aulas en el nivel de educación media en los colegios privados están vacías. Colegios con grupos de 35 a 45 estudiantes, ahora tienen dieciséis, máximo veinte.
El gobierno venezolano que ejercía controles drásticos en los precios de las matrículas de los colegios privados, tuvo que recapacitar y permitir que los precios se regulen por consenso entre dirección y padres.
Dentro del gran autoritarismo que rige al gobierno venezolano, hay que reconocer que hubo ministros que dirigieron la educación media dialogando y cediendo. Ejemplos son: Héctor Rodríguez, Elías Jaua y el viceministro Humberto González. Sus actuaciones han sido impecables.
No así el Ministerio de Educación Superior que ha mantenido su rigidez, mostrando una total ignorancia del ambiente universitario.
Las universidades públicas están sin transporte, sin comedores y sin agua. Y además estudiantes y profesores tienen que sufrir el asedio de los delincuentes que han invadido los predios universitarios.
Si nos vamos a los aspectos didácticos, nos encontramos tanto en la educación media como en la superior, una enseñanza apoyada en la tiza y el pizarrón.
El gobierno ha hecho esfuerzos en dotar a los estudiantes de las escuelas públicas de educación media de computadoras, las canaimitas, y de excelentes textos escolares como la Colección Bicentenario de forma gratuita. Pero el profesor de media sumergido en una rutina embrutecedora de cuarenta horas semanales en aula, cumplidas en distintos planteles, no tiene tiempo ni energías para aprender a innovar.
El resultado: adolescentes aburridísimos en aula que solo conversan entre sí y no ponen atención a lo que explica el profesor. Los padres, lejos de interpretar la grave situación social, señalan al profesor como el único culpable de este estado de cosas, agravando con su actitud la falta de respeto que los estudiantes muestran hacia sus profesores. En Venezuela hay una gran tradición oral en la educación, y el estudiante de educación media es incapaz de abrir un libro y estudiar por su cuenta. Espera que el profesor le explique, pero no escucha al profesor. En una sociedad en que el valor es tener, el que solo sabe, poco vale.
Como resultado de esto y de la equivocada política de selección del gobierno para asignar los cupos universitarios, el estudiante al entrar al nivel superior tiene un fracaso programado: Crónica de una muerte anunciada.
En educación superior, se ofrecen carreras tradicionales, totalmente desfasadas de la realidad social y económica del país. Los estudiantes universitarios terminan desarrollando saberes y habilidades de forma autónoma, fuera del marco universitario. La universidad no les da respuesta a sus necesidades de aprendizaje para insertarse en el mercado laboral.
El venezolano valora mucho los estudios universitarios, pero estos han dejado de ser garantes de un buen empleo y ascenso social.
El futuro de la educación en Venezuela pasa por sueldos decentes para los profesores, menor carga horaria, trabajo en equipo y programas de asesoría y acompañamiento por expertos en la didáctica de las asignaturas.
Hay que suministrar a las universidades presupuestos suficientes para cubrir los gastos de nómina de personal, comedores, transporte, laboratorios, incentivos a la investigación, buenas becas para los estudiantes y revisar los programas de estudios y crear nuevas carreras.
¿Es pedir mucho?
No, es pedir que finalmente nos instalemos en el siglo XXI, pues hemos dado un salto atrás a la Venezuela de Gómez.