Las clases particulares son apenas un síntoma
de la grave enfermedad que padece el sistema educativo venezolano. He dictado clases particulares a estudiantes de educación media y superior en Venezuela desde 1978 hasta
2017 y lo que he observado lo explicaré a continuación.
El estudiante en Venezuela, tiene una larga tradición oral,
esto es, para entender es necesario que le expliquen. El estudiante no utiliza
textos, es incapaz de pasar por el proceso de leer varias veces hasta entender
un contenido, simplemente se desanima al primer intento: Son escasos los
estudiantes que llegan a una clase particular con buenos apuntes, la mayoría está
distraída en aula porque simplemente no le interesa lo que dice el profesor y
en los últimos diez años esto ha sido más frecuente. El estudiante simplemente
no pone atención en clase, y tener un profesor particular, refuerza esa falla.
Y lo peor es que todavía abre más la brecha social entre los
que tienen para pagar la clase y no. Eso crea una dependencia del estudiante
hacia el profesor particular. Inclusive estudiantes brillantes y con altas
calificaciones recurren al profesor particular porque son incapaces de abrir un
texto y leer.
Yo veo dos ejes transversales que hay que abordar: en los
programas y quehacer de los docentes, en una enseñanza de temas no relevantes a
la realidad vivida por el estudiante y una enseñanza memorística, que lo aburre
sobremanera. En los padres que le
facilitan la vida demasiado a los estudiantes y no les enseñan que aprender exige
esfuerzo, que no es una tarea fácil y no les inculcan a los estudiantes la
disciplina del esfuerzo y la constancia.